Puerto Vallarta

Puedes dejarte conquistar por su belleza porteña o por sus noches interminables… Es el lugar donde la fiesta es tan infinita como sus tradiciones
 
¿Por qué venir a Puerto Vallarta?
 
Bañado por los últimos rayos del sol, que al caer hace de sus atardeceres los más bellos, y por el mar Pacífico, que humedece sus blancas arenas para fundirse en un abrazo con la naturaleza, se encuentra este pueblo de pescadores, cubierto de tejas rojas sobre sus calles, que se cruzan flanqueadas por blancas paredes; una combinación afortunada que le da a Puerto Vallarta su identidad, su estilo y su carisma.
 
Mientras sobran las razones para enamorarse de él, faltan palabras para describir con tino el mágico encanto de esa combinación de rústicas fachadas y contemporáneos desarrollos turísticos; esa es parte de la magia de un lugar de ensueño donde igualmente puede haber un santuario de tortugas que un campo de golf impresionante; un sitio que recibe lo mismo la inmensidad de las ballenas jorobadas que las quillas de livianos navíos; un puerto que de la misma manera envuelve en al turista en lo más sofisticado que en el casual embrujo de su vida porteña; es un lugar de contrastes eternos y eso es lo que lo hace un destino provocativo y fascinante.
 
 
Gran parte de su atractivo son sus playas, mantos que esperan pacientes por el sol matutino y el viajero; que son hábitat de peces increíbles, de mantarrayas y delfines; Vallarta tiene de un lado el mar y al otro la montaña; es colorido de mercados y artesanías y tiene un sabor que se queda en los labios y el corazón de quien lo prueba; es tardes de serenata en la plaza, de danzón, de artistas cuyo lienzo es como el horizonte, de ideas infinitas y bravas pinceladas; es un puerto como no hay otro, y así abre sus brazos para que el mundo llegue y conozca de sus mil y una razones para visitarlo una y otra vez.
 
No te puedes perder
 
Hay de todo qué ver en Puerto Vallarta, desde la más típica arquitectura hasta grandes recintos de convenciones y mucho más; hay que admirar la obra del hombre y la de la naturaleza por igual, ya que viven en una comunión bien entendida y armoniosa; todo forma parte de un conjunto que hace a Vallarta tan especial. Pero para empezar, lo mejor es hacerlo desde su corazón, la Zona Centro, desde la Plaza Principal Ignacio L. Vallarta, con su kiosco de cantera, ahí vale la pena conocer el Palacio Municipal, de llamativa arquitectura, para luego seguir caminando por la calle Iturbide, y llegar al Teatro Saucedo, un recuerdo del esplendor de los años veintes, para de ahí seguir de frente hacia la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, construcción emblemática de Puerto Vallarta, con su campanario rematado por su corona, que se dice es igual a la usada por la emperatriz Carlota. Después de visitarla y pasear por la arbolada plaza y sus alrededores, hay que ir calle abajo, hasta el Teatro al aire libre Aquiles Serdán y desde ahí comenzar a recorrer el Malecón, un kilómetro de sorpresas como las glorietas de Tritón y Nereida o la Fuente de los Delfines, y desde luego, el Faro y frente a él una de las figuras icónicas del puerto: el Caballito de Mar, una escultura de Zamarripa que tiene una increíble historia
 
Después de ese paseo, con todos sus restaurantes y boutiques, seguramente se ha pasado por la Zona de los Artistas, donde los genios del arte plástico exhiben su obra, que es parte del acontecer cotidiano del puerto; ahora habrá que seguir caminando hacia el norte, hasta la ya cercana Zona Romántica, al sur del malecón, en la desembocadura del Río Cuale, donde se pueden encontrar restaurantes y cafés de banqueta, tiendas de artesanías, los bares de mejor ambiente y más.

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Autor: cuauhtemoc.delrazo
Fecha de actualización: 23/06/2014 - 14:02:05

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